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Unos días atrás pusimos en marcha un experimento simple. Publicar una imagen tal como ésta:

Básicamente comparando a los AI-haters o enemigos de las IA con los supervivientes de la película El hombre Omega (Charlton Heston, 1973), que tras una pandemia y las secuelas de la misma odian todo lo que huela a tecnología.

Película aparte, muy propia del catastrofismo imperante en los 70 y 80 (terremotos, rascacielos ardiendo, etc.) el experimento intentaba (e intenta) polarizar la opinión de quienes abrazan la IA por cualquier motivo y los que la odian de la misma forma.

Entendemos que hay una escala de grises entre usar la tecnología porque sí y odiarla por el mismo motivo. No todo es blanco o negro. De ahí la frase “el problema es la gente”, igual que en las campañas anti armamento se dice que el problema no el la bala, ni tan siquiera el arma, si no la mano que la empuña. Lo mismo ocurre con la IA. Bien utilizada nos dará beneficios a corto plazo. Mal empleada será un desastre.

¿Dónde están los tonos grises? En la regulación y el autocontrol para empezar. No todo tiene que llevar una IA para ser útil. Una tostadora sigue siendo una tostadora. Su cometido es tostar el pan y no quemarlo. Para eso basta con un temporizador y si acaso un termostato no una IA que decida en que segundo exacto tiene que parar.

La mayor crítica a toda IA, y en especial a las generativas en imagen y sonido es el plagio. Todo lo que se produce con IA es plagio de cientos de miles de millones de obras anteriores, hechas por humanos (¡o no!) y por tanto son plagio. Aquí es donde la desinformación impera. No se trata de plagio de ni de collages de obras anteriores, pero como la explicación técnica es muy complea vamos a verlo desde otro punto.

El entrenamiento de una IA, sea un modelo de lenguaje o un modelo gráfico, ese es el verdadero problema. Las corporaciones y empresas tras las IA usan lo que consideran que tienen a mano. Eso pasa por emplear imágenes, vídeos, audios, texto que existen en la red. Internet se convierte en el gran proveedor de datos para alimentar las IA. Ahi está el gran error. Un error de índole legal. Antes de usar un sólo pixel, un sólo bit de información existente en la red debería al menos pedirse permiso a su autor o propietario legal.

No hay excusa para no haber utilizado contenido que se publica en Internet como de uso público. El Public Domain (Dominio Público) y diversos tipos de Copyleft existen desde hace décadas. Ocurre que es mucho más fácil y rápido lanzar un spider sobre la red y aspirar todo cuanto exista. Es como la pesca por arrastre en el mar. Nos lo llevamos todo sea bueno o malo, tenga propietario o no. Ese es el gran problema de las IA, no su uso, no sus resultados. El problema es su origen.

Solucionarlo es complicado. ¿Re-entrenar todas las IA existentes es posible? ¿Con qué costes? ¿Y el resultado final nos va a gustar y satisfacer?

Es como si se deseara un Matrix Reloaded. Recargamos todo y nos olvidamos del problema legal.

Hay otra posible vía de solución. Exacto. Dinero. Un canon para los artistas, escritores, musicos, etc. que cubra ese uso alegal de su autoría y compense, si es posible, los efectos que pueda tener la IA sobre su labor. Ya se ha hecho en otras ocasiones. ¿Quién no recuerda el canon sobre los CD?

Mientras tanto hay otros aspectos legales a tener en cuenta. La privacidad, el uso fraudulento, el uso ilegal, etc. Un cúmulo de problemas inherente a una nueva tecnología que no sabemos dónde puede llegar. Algunos agoreros dicen que al fin del mundo. Mientras exista estupidez humana no hace falta una IA para terminar con la vida en la Tierra. Un par de botones pulsados a destiempo y ya lo tenemos.

Hasta entonces en Pixed Magazine seguimos estudiando nuevas formas de crear arte digital usando herramientas IA combinadas con herramientas digitales estándar. Hay todo un mundo por descubrir y experimentar.

*Curioso, pero tras publicar la imagen mencionada, aparte de los comentarios burdos e insultantes, aumentó el número de seguidores en un 10%.